Esta tierra es nuestra

Aquí hemos sido árboles y pájaros

Hemos aprendido

El ritmo de las olas

Para convertirnos en hijos del agua…

Esta tierra es nuestra

Como la felicidad

Que hemos inventado

Esta es nuestra tierra

La hemos fundado con dolor y sangre

Es lecho de nuestros sueños libres

Cuna de nuestros viejos

Aquí el agua tiene sabor a nosotros

Flor repetía en su cabeza el manifiesto de su pueblo el mismo día de marzo de 2017 en el que ella y sus dos hijos abandonaban su preciada tierra. Esas frases estaban incluidas en la ley de 1993 por la que el gobierno colombiano concedió derechos culturales y territoriales a la comunidad negra, de la que ella formaba parte. Flor nunca pensó que 24 años (justo la edad que ella tenía) después de la aprobación de esa norma, fuera alejada junto a su familia del territorio que para ella constituía su felicidad.

Los ancestros de Flor, indígenas de origen africano asentados en la selva húmeda del Pacífico colombiano, fueron los suficientemente valientes como plantarse ante las exigencias de los mercados mundiales y durante mucho tiempo llevaron el propio control del suelo que pisaban. Aguantaron varios años las presiones de la sociedad capitalista, pero fue la guerra la que les venció.

La ocupación de su ciudad, Buenaventura, por grupos paramilitares, supuso para Flor y los suyos el fin definitivo de su independencia. Y ahora, 17 años después del inicio de aquello ha de decir adiós a la tierra donde se establecieron sus ancestros para dejar que allí se maten los soldados del Ejército de Liberación Nacional y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

A seis horas de diferencia de Flor, Paz canta a su hijo esta nana:

 

Estrellita donde estás
me pregunto quién serás.
Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás.

En el cielo o en el mar
un diamante de verdad.
Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás.

Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás.
Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás.

En el cielo o en el mar
un diamante de verdad.
Estrellita dónde estás
me pregunto quién serás.

Mientras pronuncia cada palabra, Paz acaricia con dulzura la cabeza de su pequeño y es consciente de que con su existencia por fin ha encontrado la dicha más absoluta. Años de tratamiento de fertilidad, dos abortos e incluso un divorcio no mermaron las esperanzas de ser madre de esta mujer que acaba de cumplir 42. Ahora cada sonrisa de su bebé, cada sonido que hace o el tacto de su delicada piel le provocan una alegría inconmensurable.

Y a más de 8.000 kilómetros de distancia, Flor reflexiona sobre su propia maternidad. Es consciente de que si no hubiera sido madre tan joven ahora su carga sería menor. Sin tierra ya no tenía sentido la familia, ni cabida la felicidad.

La comunidad negra constituye el 90% de la población de la zona del Pacífico sur de Colombia.

Si quieres saber más sobre lo que es felicidad en otras culturas diferentes a la nuestra, la antropóloga Sandra Férnández habla đe ello en esta entrada:

“Para algunos pueblos la felicidad consiste en que les dejen en paz”

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