“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos…” ¿Quién no recuerda el inicio de la mítica Trainspotting, más si cabe ahora, recién estrenada en cines su segunda parte? Yo lo escribo aquí, porque Mark Renton, su protagonista, parece enumerar todas las metas que ha de marcarse un individuo en la sociedad occidental para ser feliz. Sin embargo, ¿alguna vez nos hemos preguntado qué significa felicidad en otras culturas? Para eso, con motivo del Día Internacional de la Felicidad, hemos hablado con Sandra Fernández, Dra. en Antropología Social y Cultural.

“Para empezar, quiero dejar claro que el concepto de felicidad es en sí una proyección. Habría que dar por sentado que esa emoción está en otras sociedades y eso no está tan claro. Un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad de Glasgow únicamente considera cuatro emociones globales: miedo, sorpresa, asco e ira, y ahí no está contemplada la felicidad. Sin embargo, si creemos la teoría de Paul Ekman (que considera seis emociones universales: alegría, ira, miedo, asco, sorpresa y tristeza) y pensamos en la felicidad como la extensión simbólica de la alegría, podríamos pensar en ella como algo común en todas las sociedades. Pero, las razones por las que la gente es feliz son muy diferentes en cada cultura”.

FELICIDAD SOCIAL E INDIVIDUAL

Sandra matiza que por lo general, para una persona blanca de clase media europea, la felicidad está asociada a seguridad, realización o protección. “Tenemos un curso de vida muy marcado. A nosotros nos dicen que primero hemos de tener unos estudios, luego viajar.  El siguiente paso sería encontrar a una pareja y después ya viene un hijo. En nuestra cabeza hay una serie de objetivos que hay que alcanzar en un determinado momento para a su vez llegar a ser feliz.”

Ahora más que nunca, proliferan las tesis sobre cuáles son los verdaderos motivos por los que somos felices.

Sin embargo, y siguiendo con la explicación de la antropóloga, a pesar de que unas mismas metas suelen ser deseadas por la mayoría en la sociedad occidental, también existe otro tipo de felicidad, marcada por los deseos personales del propio individuo. “Por ponerte un ejemplo, un paciente diagnosticado con alguna enfermedad crónica incurable conseguirá la felicidad plena el día que se encuentre una cura para su dolencia y no al comprarse una casa de lujo”. Sandra expone que en nuestra sociedad el individuo es pensado, tanto por sí mismo como por los demás, como una entidad aislada capaz de tomar decisiones, pero ese sentido de individualidad no existe en otro tipo de sociedades.

LA FILOSOFÍA DE MANDELA

La doctora Fernández nos cita un modelo de pensamiento menos egoísta, la filosofía Ubuntu, cuya máxima es una persona es persona a causa de los demás, y que Nelson Mandela contribuyó como pocos a extender por el mundo. La antropóloga nos recuerda como definía esa forma de pensar el Premio Nobel de la Paz sudafricano Desmond Tutu: “Una persona Ubuntu está disponible para los demás y no se siente amenazado cuando otros son capaces y buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando sus miembros sufren.”

LA FELICIDAD DE LA PERTENENCIA A UNA TIERRA

Y Sandra va más allá. Si en la filosofía Ubuntu la idea de felicidad distaba algo de la nuestra, el extremo opuesto a la misma lo halla Fernández en la concepción de bienestar que tienen la mayor parte de las sociedades de no productores, es decir, los pueblos recolectores y cazadores. “Para ellos el sentido de materialidad de occidente no existe porque la felicidad tiene que ver con el mantenimiento de su tierra y de su identidad como grupo. El choque con las sociedades de mercado lo que hace es provocar peleas por los recursos, que por supuesto están generando hambre, infelicidad, riesgo, problemas de alcohol…”

Para observar ese choque de culturas y de percepciones, Sandra recomienda Indios de Película, un film en el que se muestra la situación real en la que han vivido durante siglo y medio los indios nativos americanos en las reservas y como se les ha representado en las películas de Hollywood. “El inicio de Reel Injun es francamente impactante. La idea de la primera escena encarna muy bien el aspecto prioritario de la antropología, empatizar culturalmente. En ella, se observa a unos niños indios (que luego sabremos que son los propios autores del film, Neil Diamond, Catherine Bainbridge y Jeremiah Hayes) viendo una cinta de vaqueros mientras el narrador comenta que cuando de pequeño veía esas historias en el cine se ponía inconscientemente de parte de los vaqueros, sin darse cuenta de que él era uno de los indios.”

A Sandra le viene a la memoria otro ejemplo más claro que el expuesto anteriormente de que “no todo el mundo quiere vivir como nosotros”, y por tanto no comparte nuestra concepción de felicidad. Recuerda los estudios del antropólogo colombiano Arturo Escobar sobre algunos grupos de indígenas afrodescendientes y residentes en el sur de Colombia, en la zona del Pacífico. “En un manifiesto expusieron su deseo de mantener su forma de vida, la correcta para ellos. Ese para mí es el texto donde mejor está definida la idea de felicidad por un grupo de individuos. Allí expresan que quieren que se les deje en paz, que se les deje vivir tranquilos en su tierra, en torno a la que han construido su idea de bienestar.”

Aquí os dejo otra entrada sobre el tema:

Felicidad, una sola palabra para muchos significados

 

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