Los Reyes Magos aún no han visitado el campo de refugiados donde vive Jehan

Jehan en el campo de refugiados de Tesalónica, donde actualmente vive.

Lara, mi amiga española, nos ha contado, que aunque procedéis de una tierra cercana a la mía, ahora solo viajáis a los países occidentales. A pesar de eso, ella me ha pedido que, como hacéis magia y la magia llega a todas partes, os escriba una carta pidiendo diez regalos para intentar que al menos me concedáis los primeros.  Estos son mis deseos:

  1. Quiero permanecer siempre al lado de mi madre y mi padre.

  2. Me encantaría ir a la escuela.

  3. Anhelo tener un hogar para mí y mi familia.

  4. Me gustaría tener una casa grande con luz eléctrica porque odio la oscuridad.

  5. Sería muy feliz si pudiese jugar con otros niños y mi perrito en el jardín de esa casa.

  6. Ojalá tuviese también muchos juguetes.

  7. Me consideraría afortunada si llevase ropa nueva.

  8. Me entusiasmaría poder comer todo el helado que me apeteciese.

  9. Quisiera poder ir de vez en cuando a la piscina.

  10. Deseo que también visitéis el sitio tan triste donde ahora vivo y la ciudad donde nací, Alepo, para que los convirtieseis en lugares más bonitos.

Jehan, está a punto de cumplir cinco años y espera que sus padres le hagan algún regalo cuando llegue ese día. Pero, antes de eso, su amiga Lara, que viajó como voluntaria al campo de refugiados de Tesalónica, donde la niña reside, le propuso que escribiese una carta a los Reyes Magos.

“Es difícil que te contesten, Jehan. Desgraciadamente esos magos cada vez están más cascados y olvidadizos. Sin embargo, no perdemos nada si probamos. Así que tú escribe esa carta, que si no son ellos, alguien la leerá”.

La niña no ha tenido la oportunidad de comparar su modo de vida con ningún otro, por eso, lejos de quejarse, siempre muestra su mejor sonrisa al levantarse. Para ella lo peor ya ha pasado. La oscuridad que inunda cada noche el campo ya se ha desvanecido y ella deja de tener miedo. Luego, cuando el sol cae, los brazos de sus padres la rodearán para que no llore y los tres dormirán abrazados en una sola cama.

Jehan ha visto como otros niños de la guerra viven solos o han perdido alguno de sus progenitores durante la larga contienda. Por eso, todos los días agradece a Dios no haberse separado nunca de su familia y pide que siempre sea así. Necesita que la protejan de las tinieblas, donde su mente sufre y recuerda los malos momentos que a su corta edad ya ha sufrido. El peor para ella fue cuando, participando en la marcha de la esperanza y dirigiéndose a la frontera con Macedonia, anduvo sin parar durante un día y medio. Se sentía impotente porque no podía seguir a sus padres y les pidió que cesaran su curso. El precio que tuvieron que pagar por ello fue muy alto. Al dormir a la intemperie y bajo una lluvia que no daba tregua, cayeron enfermos y perdieron su oportunidad para iniciar la ruta de los Balcanes. Todos sus sueños para encontrar una vida mejor se desvanecieron entonces.

El mejor momento de su existencia tiene que ver también con un viaje, el que realizó en autobús al abandonar el campo de Idomeni. Soñaba con llegar a un lugar mejor y se pasó todo el trayecto embelesada en los paisajes griegos que se sucedían por su ventanilla. No sabía que el campo de Tesalónica distaba poco de su anterior morada. Allí imaginaba encontrarse con un hogar en el que solo vivirían ella y su familia, una casa en la que también hubiera espacio para un perrito. Su decepción fue muy grande cuando se percató de que la inmensa carpa que cubría Salónica no iba a protegerla de los peligros de la noche y ella continuaría teniendo miedo.

Jehan y su madre en uno de sus numerosos viajes.

Su cabeza es como una torre de Babel en la que las frases de los demás no tienen significado. Jehan vive en una terrible confusión.

Algunos de los amigos que hizo en Idomeni llegaron también al nuevo campo, aquello le tranquilizó. La imposibilidad de comunicarse bien con otros niños es para ella otro motivo de angustia. Se ha acostumbrado a que todo el mundo la conozca como la “niña kurda” y precisamente esa condición y el no haber tenido una residencia fija en sus cuatro años de vida han hecho que Jehan no hable bien. Por eso, desea tanto ir a la escuela. Su cabeza es como una torre de Babel en la que las frases de los demás no tienen significado. Entiende el kurdo de sus padres, pero no el turco o el griego de sus vecinos o el árabe que ha escuchado alguna que otra vez en la televisión. Vive en una terrible confusión.

La única palabra que ha aprendido a decir bien en cualquier idioma es helado y ahora la repite como un papagayo a todo al que encuentra a su paso. Su sabor le recuerda a las pocas veces que ha podido visitar una piscina, donde es feliz porque consigue abstraerse de una realidad que no entiende.

Jehan confía en la magia de los Reyes Magos para cambiar su situación.

Jehan tampoco ha comprendido del todo lo que le ha contado Lara, la cooperante española, sobre esas personas que van colmando de regalos a los niños del mundo. Sin embargo, sí se ha dejado llevar por la ilusión, esa emoción constante que la ha acompañado desde que nació y que ni siquiera su temor a las sombras ha podido matar. Así que ahora Jehan todavía augura la esperanza de que los Reyes de Oriente regresen al lugar del que provienen y visiten Alepo, la ciudad de origen de la muchacha convertida ahora en ruinas, y también Tesalónica, el campo donde no se ven las estrellas, para que por fin alguno de sus anhelos tome forma.

Agradecimientos

Me gustaría dar las gracias Lara Lusson (@laralusson) por ayudarme a ponerme en contacto con la familia de Jehan. Su labor en Proemaid está siendo incuestionable para los refugiados.

Gracias también en Hasan Toubal por contarme su historia y la de su hija. Puedes conocerla completa en esta entrada:

El viaje sin rumbo de un kurdo sin hogar

Iniciativas para el día de Reyes

Desafortunadamente algunos de los deseos que pide Jehan son difíciles de conseguir. Sin embargo, no imposibles. Numerosas ONG colaboran para que la situación de los refugiados mejore. Sin embargo, su futuro depende de los estados que se han comprometido al reasentamiento de refugiados y que dosifican su entrada con cuentagotas. En nuestra mano está seguir presionando para defender los derechos de personas que han perdido su hogar.

En otro nivel menos ambicioso, en el que podemos aportar nuestro granito de arena para que ningún niño pierda la ilusión en la magia de los Reyes Magos, hay otras iniciativas solidarias. Especialmente llamativa nos han parecido estas:

Ningún Niño Sin Sonrisa

Esta asociación fundada en 2009, cuando despuntó la crisis en España, recoge juguetes nuevos, de segunda mano o donativos de empresas (juguetes que no se pueden vender por tener algún defecto, faltarles alguna pieza…) y los restauran, limpian y preparan para que se conviertan en un perfecto regalo en Navidad. Las familias necesitadas solo tienen que rellenar un pequeño formulario (nombre, edad del niño y que es lo que le gusta) y los voluntarios buscarán el juguete que más se adapte a las peticiones del niño y a su edad, y preparan el paquete. La entrega tiene lugar el 6 de enero por la tarde.

Algo más que un regalo de Oxfam Intermón

La ONG Oxfam Intermón ofrece una alternativa original y solidaria que te permite hacer un regalo original aquí y ayudar a los niños que más lo necesitan en países como Ecuador, Mozambique, Mauritania, Burundi, Nicaragua, Tanzania… El donativo inferior corresponde al precio de dos cobayas (6 €) y el más caro equivale a un depósito de agua (2995€). Por esa donación, la persona que tú elijas recibirá en su casa un sobre con una polaroid con la imagen del regalo escogido para el niño al que has ayudado.

Otras entradas sobre ilusión y el día de los Reyes Magos:

El día de Reyes, el más emocionante cuando eres niño

Actividades para todos en la fiesta de los Reyes Magos

Deja un comentario